El matrimonio en cada cultura tiene la misma esencia: la unión de dos personas, pero ¿qué tan fuerte és ese vínculo y cuánto significado tiene para una pareja cristiana? O al menos ¿qué debería significar el matrimonio para una pareja cristiana? La respuesta podría sonar anticuada para algunas personas, o desquiciada para otras, pero encierra varios principios que trato de explicar a continuación:

Es un milagro

Partiendo del principio de que Dios no cambia y por lo tanto sus principios no cambian, el matrimonio cristiano es más que el mayor compromiso que un ser humano pueda tener, es un acontecimiento divino, en el que Dios mismo participa y da lugar a un milagro: convertir 2 personas en una sola persona. ¿1 + 1 = 1? Exactamente, porque los milagros son así, no tienen explicación. Por más profunda que sea la crisis, la pareja o uno de ellos puede recurrir a Dios y él será fiel. Si lo duda haga usted la prueba.

Sólo Dios puede romperlo

La frase “hasta que la muerte los separe” no es solamente una tradición, para un cristiano debería ser tan claro como la diferencia entre el día y la noche. El único que decide la vida o la muerte es Dios, por lo tanto solamente él puede romper el matrimonio. El “matrimonio” civil es un trámite solamente, ningún trámite judicial o administrativo podrá romper lo que Dios hizo, hay una ley más alta que la del propio Estado y ciertamente es la que debe respetarse.

Es enemigo del pecado

“Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Si nos ponemos a pensar en “toda una vida”, es mucho tiempo para ser fiel! - dirían algunos -, pero es ciertamente fiel aquel que guarda un compromiso hasta el final, ya sean los días pocos o muchos. Y es que el adulterio o unión extra matrimonial es la única otra forma de romper el pacto, es una rebeldía contra la autoridad de Dios y lamentablemente con consecuencias terribles que se ven a diario: hogares destruidos, niños abandonados y por lo tanto violaciones a menores, adicción a las drogas, adicción al alcohol, y la lista es lamentablemente larga. Cada vez que un matrimonio decide permanecer firme, no solo honra su pacto y a Dios, sino que está protegiendo a toda la sociedad, comenzando por sus propios hijos.

Esta diseñado para dar felicidad

Parece normal pensar que en el matrimonio uno espera ser feliz porque recibirá mucho amor, pero es un error grave. El matrimonio fue diseñado por Dios de la siguiente forma: “Dejará el varón a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer”, en ninguna parte dice que el varón esperará reciprocidad de su mujer, o le pone condición alguna, el amor en un matrimonio cristiano tiene un significado más sublime: es desinteresado, busca dar sin esperar recibir. Y por increíble que parezca, es la única forma en la que uno permanece feliz realmente.

¡Es una completa locura!

Tal vez las mujeres lo entiendan mejor, aquellas que ya han tenido la gracia de ser madres pueden ver al padre entregando amor a sus hijos, mientras ella está atareada con las labores de la casa, una mujer soltera y sin hijos verá esta escena como una locura, una injusticia y un abuso. Pero la madre se siente en una felicidad tremenda, al saber que cumple su parte en la felicidad de sus hijos. Lo mismo un padre, que llega cansado después del trabajo y encuentra a su esposa llena de felicidad jugando con sus pequeños, si es un hombre de Dios debería ponerse a preparar la cena y ser feliz entregando todo de sí! ¿sabe por qué? Por que en los primeros años para los bebes no existe “el papá”, es sólo un extraño que le roba el tiempo con su madre y por más loco que parezca, es lo que ellos necesitan para ser felices. ¡Luego de unos años la mamá será la ladrona del amor del papá!

Todavía quedan más cosas en el tintero, pero solo quiero recalcar que un matrimonio feliz es aquel en el que se busca dar amor sin esperar nada a cambio, si no tienes disposición a eso tal vez necesites ayuda divina, ya sea para hacerlo o para entenderlo. Espero que lo apliques en tu vida y comiences a ver la transformación que experimentó mi matrimonio cuando comencé a entenderlo y aplicarlo.

Que Dios bendiga tu unión matrimonial (presente o futura).